Pericos en las garras de los contrabandistas
Al amparo de la legislación actual, se cazan en México entre 65 mil y 78 mil 500 pericos y guacamayas por año, de los que sólo 2% son decomisados por la Procuraduría General de Protección al Ambiente (Profepa).
De acuerdo con la investigación Tráfico ilegal de pericos en México: una evaluación detallada, la tasa de mortalidad general para los pericos capturados en el medio silvestre excede 75% antes de llegar al consumidor final, lo que se traduce entre 50 mil y 60 mil pericos muertos cada año, lo cual “convierte este comercio en uno terriblemente inhumano y de un gran desperdicio”.
El análisis arroja que las muertes de las aves son por stress, enfermedad y malos manejos.
De acuerdo con los especialistas que elaboraron este informe, México no cuenta con las medidas legislativas necesarias para preservar las 22 especies de pericos y guacamayas que tiene, de las que 20 de ellas se encuentran en una categoría de riesgo por peligro de extinción, amenazas o por protección especial.
El senador del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) Jorge Legorreta Ordorica, presidente de la Comisión de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, acusa en entrevista que la Profepa no tiene la capacidad para controlar el tráfico de estas aves.
Por ello, subraya que es urgente y necesaria la aprobación de las reformas a la Ley General de Vida Silvestre en el Senado de la República, que permitirá la protección de los psitácidos (loros, pericos y guacamayas), pues a pesar que desde 2003 hasta finales de 2006 no se autorizaron las capturas de pericos, éstas se realizaron en la clandestinidad.
Los investigadores Juan Carlos Cantú, María Elena Sánchez, Manuel Grosselet y Jesús Silva, quienes realizaron el análisis, identificaron que entre 86% y 90% de los pericos mexicanos que se capturan permanecen en el comercio interno, hecho que representa un cambio de las décadas de los 70 y 80, cuando el mercado estadounidense se consideraba el motor del tráfico ilegal.
Antes de 2003, señala el estudio, las regulaciones para las capturas tenían muchas desventajas, porque las autoridades eran incapaces de controlar el número de especímenes capturados, el periodo de tiempo y el lugar de las capturas.
Para los especialistas, las autorizaciones que otorga actualmente la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) para la captura legal de estas aves, es una cubierta para hacerlo de manera ilegal, principalmente a través de la falsificación de documentos.
La ley permite hoy la captura de pericos y guacamayas en vida silvestre, incluso aunque estén en peligro de extinción.
Por ello, en el Senado de la República se encuentra una minuta que adiciona el artículo 60 BIS-2 a la Ley General de Vida Silvestre en materia de protección a psitácidas y que indica: “Ningún ejemplar de ave correspondiente a la familia Psittacidae o psitácido, cuya distribución natural sea dentro del territorio nacional, podrá ser sujeto de aprovechamiento extractivo con fines de subsistencia o comerciales”.
Legorreta Ordorica explica que la reforma contempla que sea la Semarnat la entidad que otorgue autorizaciones de aprovechamiento extractivo con fines de conservación o investigación científica. “Únicamente se otorgarán autorizaciones para investigación científica a instituciones académicas acreditadas”, subrayó.
Juan Carlos Cantú, director de Programas Defenders of Wildlife México y uno de los autores del estudio, señala que la captura y venta de estos animales no representa realmente un gran negocio. Propone que en vez de cazar y vender a los psitácidos, se reoriente la actividad a la observación de las mismas a través de binoculares, actividad ecoturística que en Estados Unidos deja una derrama económica de 22 millones de dólares (alrededor de 241 millones de pesos).
En entrevista, Cantú recuerda que en 2006 y 2007 se autorizó la captura de 3 mil aves y ejemplifica: “Si esos pericos y guacamayas se venden en promedio en 500 pesos, sólo se obtendría un millón y medio de pesos”. Explica que los precios de las distintas especies varían, pero comenta que un capturador gana 20 o 30 pesos por ave y el vendedor final sólo 10 veces más de su precio original.
Se trata, dice el especialista, de conservar la biodiversidad de México, pues pocos son los países que pueden presumir que cuentan con 22 especies de psitácidos, y algunas de ellas sólo existen en este territorio, como son los pericos conocidos como cabeza roja y cabeza lila, ubicados al noreste del país y en la costa del Pacífico, respectivamente.
“Si se extinguen en México, se extinguen del mundo. Se perdería el equilibrio ecológico y la cadena alimenticia. Además, no podemos permitir que a los más de 100 millones de mexicanos nos quiten nuestro patrimonio natural tan sólo 150 capturadores de pericos”, alerta Cantú.







